Trucos para hacer un portafolio impactante
Cuando se trata de aplicar individualmente para un cargo de arquitecto o diseñador de interiores entra en juego el valor añadido que puede aportar el portafolio.
Está claro que esta herramienta puede contarle mucho al potencial empleador acerca de la persona que se postula, qué tan organizada es, qué tanto entiende sobre el trabajo en equipo y otras características cruciales.
Stephanie Glesson escribió, con base en sus propias experiencias (a las que califica de agotadoras), y de las que ha podido captar en actividades de consultoría, un listado de trucos para hacer un buen portafolio de arquitecto.
Jerarquizar o quedar fuera
El primer consejo que entrega Glesson es establecer prioridades. Por eso escribe “Jerarquiza o vete”. El orden lo fijará el objetivo que se pretenda alcanzar. Si el trabajo al que se aspira se refiere a aspectos conceptuales de la arquitectura o el diseño de interiores, se ha de colocar primero los materiales que se hayan elaborado en ese campo. Hay que tener en cuenta que, tal como pasa en las entrevistas de trabajo, la primera impresión es determinante. Por eso, las primeras páginas del portafolio deben ser las más destacadas y relacionadas con el cargo específico que está en juego.
Desde el punto de vista gráfico, se recomienda una imagen central del proyecto final o de la obra terminada, y una serie de fotos, bocetos o dibujos complementarios que muestren el proceso.
Reciente y relevante, más que cronológico
El portafolio sirve para contar la historia laboral del arquitecto, pero eso no significa que deba hacerse partiendo del proyecto más antiguo hasta llegar al más reciente. Es válido romper ese orden para darle mayor peso a aquellos proyectos y obras más recientes y relevantes para los intereses del potencial empleador.
Tener dos versiones
Otro de los tips presentados en este trabajo es tener dos versiones del portafolio. La primera sería una especie de teaser trailer, un avance corto, de cinco a diez páginas para acompañar al resumen curricular y a la carta de presentación. Por supuesto que debe ser un material de alto impacto que condense lo mejor del trabajo del aspirante, de modo que impulse al potencial empleador a seguir adelante con el proceso de acercamiento.
La segunda versión debe ser una ampliación concienzuda de la primera. La idea es que sirva de apoyo durante la entrevista de trabajo. Es una oportunidad para realzar cualquier atributo o habilidad adicional que la persona tenga.
Si se considera conveniente puede ser buena idea llevar impreso todo el paquete de apoyo gráfico de esta segunda versión del portfolio.
Usar un software apropiado
El artículo recomienda usar el software apropiado para la presentación del portafolio. Esto no significa el más complejo ni complicado, pero tampoco ir a lo demasiado simple, como los de Microsoft Word o Power Point porque estos no ayudan a mostrar las habilidades del candidato con un software más especializado.
Fuentes: simple, simple, simple
En cuanto a las fuentes tipográficas a utilizar en los portafolios, se aconseja escoger las más simples y universales. Aunque puedan parecer poco originales, son las más legibles y compatibles con todo tipo de computadoras y dispositivos, programas y aplicaciones.
Además, la idea es que el foco esté puesto en el trabajo que se expone, no en la tipografía que se utilizó.
Cuestiones de orden técnico
El listado de trucos también da recomendaciones acerca de previsiones técnicas. Por ejemplo, qué nombre ponerle al archivo digital que contenga el portafolio, presentarlo comprimido y decidir si se coloca en línea o no. Todo ello con la finalidad de facilitar el acceso en el momento de las presentaciones o cuando los potenciales empleadores se dispongan a revisarlo.
También se plantean las opciones entre llevar el portafolio en una versión digital de baja resolución, para los primeros contactos y entregar la más pesada (de mayor calidad) cuando el proceso de contratación este encaminado.
Mostrar la obra propia
En otro apartado, se plantea que muchos portafolios se limitan a mostrar las obras terminadas o los proyectos en su conjunto, sin especificar ni destacar aquellas partes que fueron diseñadas por el profesional que presenta el trabajo. Eso es un error porque en el portafolio se trata de subrayar la obra propia. En tal sentido, se propone incorporar bocetos hechos a mano, registros del avance de un proyecto, renders y documentos de construcción centrados en el trabajo específico del arquitecto.
Esto no significa que deje de presentarse el proyecto en su conjunto o la obra terminada, sino que se le otorgue mayor peso al aporte individual del postulante.
Consejos para la entrevista
El post también incluye consejos para el acto en sí de presentar el portafolio a un examinador del potencial empleador. Aquí se trata de recomendaciones válidas para cualquier trance semejante, como no divagar, centrarse en las habilidades individuales que se ofrecen, mantener siempre la idea de la jerarquización y esforzarse por cuidar los diferentes aspectos de la comunicación, incluyendo el lenguaje corporal. Se debe tener en cuenta que el entrevistador probablemente estará evaluado también la capacidad del arquitecto para convencer a hipotéticos clientes, una vez que forme parte de la empresa.
Se considera muy conveniente hacer prácticas previas de la presentación tanto con personas que estén familiarizadas con el trabajo arquitectónico como con otras que no lo estén. Incluso, puede ser buena idea realizar una especie de simulación de la entrevista para prever algunas posibles preguntas, dudas y nudos en la comunicación.